Política económica - Atractivo de Francia [fr]

Palabras de François Hollande, presidente de la República en la rueda de prensa (París, 14 de enero de 2014)

Señoras ministras, señores ministros,

Señoras y señores periodistas,

Es la tercera rueda de prensa de mi mandato. El 31 de diciembre felicité el año nuevo a los franceses y tracé una hoja de ruta. Es sencilla: la movilización de la sociedad francesa.

Porque estoy convencido de algo. Profundamente. Si Francia quiere mantener su influencia en el mundo, si Francia entiende tener un peso en el curso de Europa, si quiere mantener el control de su destino, debe recuperar fuerza económica obligatoriamente. Porque ha ido perdiendo parte de ella estos últimos diez años.

Primero ha habido una crisis larga, profunda y, sin duda, subestimada, también por nosotros mismos. Después una huida hacia delante, con un incremento del déficit desde hace demasiado tiempo: déficit de las cuentas públicas, déficit de la balanza comercial.

Se ha puesto fin a todo ello. La acción del Gobierno de Jean-Marc Ayrault, estos 18 últimos meses, es la que lo ha provocado.
Los primeros resultados están ahí. Son frágiles, demasiado frágiles. Es cierto que desde hace seis meses el paro juvenil se ha ido reduciendo. Es cierto que se ha producido una estabilización del paro y se dibujan tendencias. Pero todavía no hemos ganado la batalla del empleo.
Entonces, ¿qué hay que hacer? Lo que anuncié a los franceses. Iniciar una batalla, abrir una nueva etapa. No se trata de cambiar de camino, se trata de ir más rápido, de ir más lejos, de acelerar, de profundizar.
En 2014, el reto no es sólo que Francia vuelva a crecer – el crecimiento se está dibujando. Es que dicho crecimiento tenga el mayor vigor posible. No lo conseguiremos sin la movilización de todos y en especial de las empresas, sin las que no puede crearse empleo de forma duradera.

Razón por la que he propuesto el pacto de responsabilidad.
Hay un principio sencillo: reducir las cargas de las empresas, reducir las obligaciones sobre su actividad; y, a cambio, permitir una mayor contratación y un mayor diálogo social.

¿Por qué este pacto? Porque ha llegado el momento de solucionar el principal problema de Francia: la producción. Sí, digo bien, la producción. Necesitamos producir más, necesitamos producir mejor. Hay que actuar sobre la oferta. ¡Sobre la oferta! No es contradictorio con la demanda. La oferta incluso crea la demanda.
El pacto cubre cuatro áreas de trabajo.

La primera, la prosecución de la reducción del coste del trabajo. Se emprendió con el programa que presenté el pasado mes de noviembre, el Crédito Impuesto Competitividad Empleo (CICE), que se aplica este año, en 2014 – con una reducción del 4 % de la masa salarial – y del 6 % el año que viene.

Fijo un nuevo objetivo, que es que de aquí a 2017 llegue el final de las cotizaciones familiares para las empresas y los trabajadores autónomos. Esto representa 30 000 millones de euros de cargas. La discusión tratará del futuro del CICE – de qué manera puede inscribirse en el proceso – y sobre el modo de financiación de la protección social.

Ésta es la condición para que las empresas vuelvan a tener margen. No para contentarlas, no para darles un regalo, cualquiera que sea. Creo que aquí todo el mundo sabe que lo que llamamos margen de las empresas, que permite financiar la inversión, alcanzó el nivel más bajo de su historia en 2012.

La segunda área de trabajo consiste en dar visibilidad a las empresas. No puede haber inversión si el marco no está claro, si las reglas cambian. Fijaremos pues un horizonte, 2017, con una trayectoria de gravámenes obligatorios para las empresas. Mi voluntad es modernizar la fiscalidad de las sociedades y reducir el número de impuestos – cuyo cobro resulta a veces más caro que lo que aportan – con dos exigencias: inversión y empleo.

Un primer paso será la ley de finanzas para 2015.

La tercera área de trabajo del pacto de responsabilidad es la simplificación. Se trata de reducir el número de normas – anuncié un «golpe de simplificación»: aquí está – y de ir aún más lejos: reducir los procedimientos a veces inútiles y costosos y facilitar la toma de decisiones. Es un elemento clave para instaurar la confianza. Encomendé a un parlamentario, Thierry Mandon, y a un empresario, Guillaume Poitrinal –alianza que podría sorprender – la misión de ir hasta el final y coordinar un consejo de simplificación. Pasarán revista a los «10 actos-clave» de la vida de una empresa, de la creación a la cesión, pasando por la apertura de fábricas, el acceso a los mercados públicos, las formalidades de contratación, las obligaciones contables, los controles administrativos y fiscales…, vamos, que se pasará revista a todo. No para reducir la protección, especialmente en el ámbito social, en el ámbito sanitario, en el ámbito medioambiental, sino para simplificar y facilitar. Y esta dinámica no se detendrá hasta que acabe la legislatura.

La cuarta área de trabajo son las contrapartidas.

Deben definirse a nivel nacional y dividirse en ramas profesionales. Tratarán de objetivos cuantificados de contratación, inserción de los jóvenes, trabajo de los mayores, calidad del empleo, formación, apertura de negociaciones sobre la retribución y modernización del diálogo social. Se establecerá un “Observatorio de Contrapartidas” y el Parlamento participará en él.

He aquí lo que es el pacto de responsabilidad, es un gran compromiso social, sin duda el más grande que se haya propuesto desde hace décadas en nuestro país. Implica a todas las partes que participan: el Estado, las colectividades territoriales y, por supuesto, los interlocutores sociales.

Mi método es la negociación. Dicho método ha dado prueba de eficacia ya con los debates sobre los contratos de generación, y más tarde con el acuerdo sobre la protección del empleo, la reforma de las pensiones llevada a cabo por el Primer Ministro, y hace muy poco, la formación profesional. El método es el adecuado.

El pacto de responsabilidad es una oportunidad. Todos deben aprovecharla. No sólo por interés, sino por Francia. Afecta a todas las organizaciones profesionales, a todas las familias políticas, de cierta manera, a todos los territorios. El pacto de responsabilidad es una reunión por el empleo. Y espero que todos, también en esto, como su propio nombre indica, asuman su responsabilidad.

Pero no hay tiempo que perder. Ninguna elección intermedia debe paralizarnos. Ahora es cuando Francia debe recuperarse para volver a despegar. Esto supone una agenda especialmente densa y apretada.
El 21 de enero me dirigiré, aquí mismo, al conjunto de agentes económicos y de empleo para lanzar de manera oficial el pacto y sus áreas de trabajo. El Primer Ministro y los ministros correspondientes recibirán a los interlocutores sociales los días siguientes. Antes de que acabe enero, Jean-Marc Ayrault habrá puesto los «Cimientos de la Fiscalidad de las Empresas». El Alto Consejo de Financiación de la Protección Social, precisamente el que debe reflexionar acerca de la evolución del modo de financiación, entregará un primer informe a finales de febrero. Por último, en abril, el Gobierno lanzará un segundo paquete de medidas simplificadoras.

Todas las discusiones proseguirán y concluirán en la gran conferencia social de primavera. Un documento formalizará los compromisos del pacto y las modalidades de seguimiento de las contrapartidas. El Gobierno se responsabilizará de dicho texto ante la Asamblea Nacional.
En otoño se votará una ley de programación de las finanzas públicas y sociales en el periodo 2015-2017. Irá en consonancia con lo que se decida en el marco del pacto de responsabilidad, pero también con la revisión a fondo de la fiscalidad de los hogares lanzada por el Primer Ministro, porque todo ello forma un bloque.

El 31 de diciembre, en el mensaje de año nuevo, también signifiqué a los franceses mi voluntad de reducir el gasto público. ¿Por qué? No porque sea un objetivo en sí. Más que cualquier otra persona, considero importantes el mantenimiento del servicio público, nuestro modelo social.

Entonces, ¿por qué hay que reducir el gasto público? Porque es un paso necesario para reducir los déficits públicos. Porque es la condición previa a cualquier bajada de impuestos. Porque condiciona la realización del pacto de responsabilidad, que no debe traducirse en una transferencia de las cargas de las empresas a los hogares. No lo soportaré, teniendo en cuenta la situación actual del poder adquisitivo.
¿Cómo hacerlo? Considero que se puede ahorrar considerablemente preservando nuestro modelo social. Otros países lo han hecho, países que tenían esta tradición social, me refiero especialmente a los países del norte de Europa. Y salieron más dinámicos y más solidarios. Podemos confiar en este proceso porque ya se ha lanzado.

Quiero recordar que en 2013 se controló el gasto público, puesto que el Estado habrá gastado menos de lo que votó el Parlamento. Incluso el gasto en seguros médicos fue menor que el que se programó. Quiero recordar que en 2014, este año, vamos a ahorrar 15 000 millones de euros.

Entonces, ¿qué nos queda por hacer?

Entre 2015 y 2017, debemos liberar al menos 50 000 millones más. Es mucho – de hecho, nunca se ha hecho. Equivale, si volvemos a la realidad, al 4 % de todo nuestro gasto colectivo, tan sólo el 4 %. Pero hay que hacerlo. Para conseguirlo, he elegido un método nuevo.

En lugar de proceder a recortes presupuestarios ciegos – como se ha podido hacer en el pasado – e indiferenciados que afectan a todos y son injustos, propongo llevar a cabo reformas estructurales, redefinir las principales misiones del Estado y revisar nuestros mecanismos de redistribución para hacerlos más justos, más ecológicos y más eficaces.
Constituiré en torno a mí un Consejo Estratégico de Gasto. Se reunirá mensualmente para evaluar las políticas públicas.

La agenda del procedimiento presupuestario – perdón por entrar en estos detalles – empezará hoy mismo. En abril, el Primer Ministro remitirá a los ministros de Gobierno las cartas de regulación para fijar el importe del gasto, fijando no sólo el volumen de ahorro que alcanzar en 2015, sino también el volumen de ahorro que conseguir hasta 2017.

Todo el gasto, todas las políticas, todas las estructuras se verán implicadas. El Estado, y es su papel, dará ejemplo. Pero no puede estar solo en este proceso, puesto que no representa más que un tercio del gasto público. Puesto que el resto va a cargo de las colectividades locales y de lo que se llama protección social. (…)./.

(Fuente: página web de la Presidencia de la República)

Traducción: Embajada de Francia en España

Última modificación: 21/01/2014

subir