La paridad hombres/mujeres en política, por Janine Mossuz-Lavau

En junio de 2000, se promulgó una ley en Francia por la que se establecía, para la mayor parte de las elecciones que se celebran, la paridad hombres/mujeres por cuanto respecta a la presentación de las candidaturas, en ciertos casos, y en otros, relacionada con los propios candidatos elegidos. Fue necesario que, presionada por las asociaciones femeninas y feministas, apoyadas éstas por la opinión pública, la clase política admitiese que resultaba inaceptable que, más de medio siglo después de conseguido el derecho al voto y a la elegibilidad de las mujeres, las cámaras elegidas estuviesen siempre formadas por un 90% de hombres. A pesar de ello, la adopción de nuevas medidas ha encontrado escollos; la paridad no sólo tiene adeptos.

Avanzando hacia la paridad
A favor o en contra de la paridad

El balance negativo de la elegibilidad

A fecha de 21 de octubre de 1945, la proporción de mujeres en el Congreso de los diputados ascendía al 5,6%, en 1951 no representaban más que el 3,5%. En 1958, es cuando alcanzan la cota más baja de representación: el 1,5% de los diputados. Habrá que esperar a los años ochenta para recuperar los niveles de representación de la "Liberación" (el 5,9%, en 1986; el 5,7%, en 1988). En las elecciones legislativas de 1993, el hemiciclo está formado por un 6,1% de mujeres. Se observa un avance en 1997, gracias al esfuerzo realizado por el Partido socialista que, siguiendo una decisión adoptada por Lionel Jospin, reserva el 28% de sus circunscripciones a candidatas. Pero a pesar de este avance (tras la segunda vuelta de las elecciones legislativas, el número de elegidas asciende al 10,9%), Francia conserva el penúltimo puesto de la Unión Europea por lo que se refiere a la representación de las mujeres en el Parlamento. Únicamente Grecia exhibe peores resultados en este aspecto. La situación no mejora en los consejos generales (en 1998, el 7,9%), ni a nivel del poder ejecutivo local (solamente el 7,6% de los alcaldes son mujeres), ni tampoco en el Senado (el 5,6%). Las únicas instancias que muestran una situación algo mejor son los consejos municipales (21,2 % en 1995), los consejos regionales (pasando del 13% al 25,8% en 1998) y sobre todo el Parlamento Europeo (en 1999, el 40,2% de los eurodiputados eran mujeres). El gobierno formado por Lionel Jospin en junio de 1997 constituye la excepción si lo comparamos con los ejecutivos de las legislaturas anteriores. De sus 26 ministros, ministros delegados y secretarios de Estado, ocho son mujeres. Y el nombramiento posterior de tres Secretarios de Estado (de entre los cuales dos eran mujeres), eleva a once de entre veintinueve el número de los miembros femeninos del gobierno. Con ocasión de la reorganización ministerial del 27 de marzo de 2000, de entre los 32 miembros del gobierno, 11 son mujeres, es decir, el 34,4%. No obstante, ello no debe ocultar el hecho de que en Francia, las leyes son votadas por un Parlamento compuesto en más de un 90% por hombres.

Han sido propuestas explicaciones varias para lo que se ha dado en llamar la "excepción francesa". La privación que sufren las mujeres francesas de mandatos electorales tiene raíces profundas. En este sentido, en Francia, al contrario de lo que sucede en buen número de países europeos, las mujeres han sido tradicionalmente excluidas de la sucesión a la Corona. La ley Sálica, desenterrada en el siglo XIV, dictaba que sólo tenían derecho al trono los varones. Por cuanto respecta a la revolución de 1789, atribuyó el derecho de sufragio (censatario) a los hombres, privando de él a las mujeres, sellando así la exclusión política de estas últimas. De acuerdo con esta lógica, en 1948, solo estaba instaurado el sufragio semi-universal. De igual modo, también podemos esgrimir razones de orden institucional frecuentemente mencionadas tales como el escrutinio mayoritario que beneficia a los ciudadanos importantes, los cuales, una vez elegidos disponen de su circunscripción como de su feudo particular, y que se vuelven a presentar una y otra vez, ya que no existe una edad para retirarse de la política. Igualmente, en opinión de algunos, la acumulación de mandatos, aún a pesar de haber sido limitada por la ley de 30 de diciembre de 1985, sigue siendo importante y conduce a que los principales puestos de mando se encuentren en manos de un número de personas demasiado reducido.

Una restricción a esta acumulación permitiría aumentar el número de políticos, ampliando también el cupo de mujeres, así como el de aquellos grupos actualmente poco representados en las cámaras elegidas. No obstante, hoy por hoy, la razón fundamental de las dificultades con que se encuentran las mujeres a la hora de conseguir un puesto entre los gobernantes radica en la mala voluntad de gran parte de los partidos políticos que, exceptuando a la izquierda y a los Verdes en el período más reciente, son cenáculos masculinos que funcionan en circuito cerrado, reproduciéndose siempre de la misma manera, y que no están dispuestos a quitarle un puesto a un hombre para dárselo a una mujer. A lo cual hay que añadir que las mujeres son todavía en gran parte las responsables de la vida familiar, incluso cuando ejercen una actividad profesional. En Francia, en el 60% de los hogares, los hombres no realizan ninguna de las labores domésticas. Esto, sumado a lo anterior, no proporciona el marco más apropiado para que las mujeres puedan ejercer responsabilidades políticas.

Si Francia acusa semejante retraso en materia de representación femenina, cuando se la compara con los países nórdicos, ello se debe también a que en su momento de mayor poder, en los años 70, el movimiento feminista no se preocupó de reivindicar el poder político. La lucha se estableció en términos de la libre disposición de su persona, el trabajo doméstico y la igualdad profesional, entre otros, pero no alcanzó al terreno de la igualdad "parlamentaria".

Los tiempos han cambiado, ya que ante las persistentes dificultades que encuentran las mujeres para acceder a puestos de responsabilidad en la política, el comienzo de los años 90 marca el inicio de su lucha en pro de una reivindicación bastante radical: la paridad hombres-mujeres allí donde se elijan representantes políticos.

Avanzando hacia la paridad

A finales de los años 70 y durante los ochenta, el razonamiento se establecía casi siempre en términos de cuotas. Incluso en 1982, se votó una enmienda a una ley estableciendo que las listas de candidatos de las elecciones municipales no debían incluir a más de un 75% de miembros del mismo sexo. El Consejo Constitucional anuló esta disposición alegando que no se podía dividir a los ciudadanos en "categorías". Por otra parte, algunas mujeres no estaban dispuestas a pelearse sobre este particular, considerando humillante que solo se reservase un cuarto de la lista de candidatos a quienes constituyen el 53% del censo electoral.

En 1992, se produce un cambio en las exigencias. En efecto, la publicación del libro de Françoise Gaspard, Claude Servan-Schreiber y Anne Le Galle "Al poder, ciudadanas: Libertad, Igualdad, Paridad" lanza la idea de la paridad. Las autoras exigen que la paridad se inscriba de forma concreta en la ley, de la siguiente manera: "Las cámaras elegidas, tanto a nivel nacional como territorial, estarán formadas por tantos hombres como mujeres". El método sugerido es ingenioso. Para elecciones de escrutinio uninominal, se podría establecer un escrutinio "binominal": cada una de las circunscripciones existentes se dividiría por dos y, en cada una de estas nuevas unidades, los electores deberían elegir una lista compuesta por un hombre y una mujer.

Los defensores de la paridad reciben el apoyo de las instancias europeas, más adelantadas que Francia en este terreno. Ya en 1989, se llevó a cabo en Estrasburgo un seminario sobre "la democracia paritaria", a iniciativa del Consejo de Europa. En noviembre de 1992, a petición de la Comisión de las Comunidades europeas, tuvo lugar en Atenas la primera cumbre europea "Mujeres al poder", que reunió a mujeres ministras o ex – ministras y adoptó una Carta donde se establece que "la democracia impone la paridad en la representación y la administración de las naciones".

En Francia se han creado asociaciones de mujeres para defender la idea de la paridad. Otras asociaciones que ya existían la adoptan como objetivo de su lucha. A iniciativa de dichas asociaciones, aparece en el periódico "Le Monde" del 19 de noviembre de 1993, el "Manifiesto de los 577 por una democracia paritaria". El número 577 fue elegido para evocar el número de diputados que ocupan un escaño en el Congreso de los diputados. Firmado por 289 mujeres y 288 hombres solicita la adopción de una ley orgánica con la siguiente redacción: "Las asambleas elegidas, tanto a nivel nacional como a nivel territorial, estarán formadas por tantos hombres como mujeres". En 1996, otro manifiesto reanima el debate. Se trata del "Manifiesto de las diez por la paridad", publicado en el "Exprèss" del 6 de junio y firmado por diez mujeres, ex –ministras o mujeres que ocuparon puestos de mando, de derechas y de izquierdas, entre las cuales aparecían tanto Simone Veil (UDF) como Edith Cresson (PS).

Pero, entretanto, una parte de la clase política de izquierdas había reaccionado a las interpelaciones de los defensores de la paridad, de modo que, desde 1994, fueron elevadas al Parlamento varias propuestas de ley, solicitando, en particular, la inclusión de la paridad en la Constitución.

De hecho, en 1994, con ocasión de las elecciones europeas, seis de las listas eran paritarias o prácticamente paritarias: la del Partido socialista (el primero en anunciar sus intenciones a este respecto), la del Partido comunista, la del Movimiento de los ciudadanos, la de los Verdes, la de la Lucha obrera (dirigida por Arlette Laguiller), así como la "pequeña" lista formada por C. Cotten. En 1995, con motivo de las elecciones presidenciales, el papel de las mujeres en las instancias políticas se convierte por primera vez en tema de campaña electoral. Los principales candidatos a presidente, interpelados por los defensores de la paridad, se ven forzados a pronunciarse sobre la cuestión y a adoptar compromisos. Jacques Chirac, elegido el 7 de mayo, cumplirá uno de ellos, creando el Observatorio de la Paridad (mediante decreto de 18 de octubre de 1995). "Instituido" junto al Primer Ministro, compuesto de personalidades elegidas en función de sus competencias, y situado bajo la responsabilidad de una ponente general del Congreso, Roselyne Bachelot-Narquin, diputada de Maine-et-Loire, su misión consiste en realizar análisis y generar propuestas relacionadas con la situación de las mujeres. La comisión "paridad política", dirigida conjuntamente por Roselyne Bachelot-Narquin y Gisèle Halimi, fue la encargada de redactar un informe para el Primer Ministro, que le fue remitido el 11 de diciembre de 1996. El 11 de marzo de 1997, tuvo lugar un debate sin voto en el congreso de los diputados, en el transcurso del cual, el primer ministro de entonces, Alain Juppé, se pronunció de una forma muy tímida en relación con las expectativas de los defensores de la paridad:
"Soy partidario de modificar nuestra Constitución para permitir a la ley instaurar de forma temporal, por ejemplo durante diez años, incitaciones a las candidaturas femeninas en las elecciones por escrutinio de lista, que son las únicas que pueden prestarse fácilmente a semejante propósito" (Boletín Oficial. Debates parlamentarios, 12 de marzo de 1997).
Estas palabras no llegaron a verse materializadas ya que el 21 de abril de 1997 Jacques Chirac anunció la disolución del Congreso de los diputados. La izquierda gana las elecciones legislativas anticipadas y, al menos, en el ámbito de las declaraciones no se trata ya de "alentar las candidaturas femeninas" sino de paridad. El nuevo Primer ministro, Lionel Jospin, fiel a sus compromisos de campaña electoral, anuncia, el 19 de junio de 1997, con motivo de su declaración de política general en el Congreso de los diputados, una modificación de la Constitución en esa dirección:
"Es necesario, en primer lugar, permitir que las francesas se comprometan sin trabas en la vida pública (...) Se propondrá una revisión de la Constitución a fin de introducir en esta última el objetivo de la paridad entre las mujeres y los hombres." (Le Monde, 21 de junio de 1997).

El citado propósito no caerá en el olvido. Un año más tarde (el 17 de junio de 1998), a propuesta del gobierno, el Presidente de la República, Jacques Chirac, firma un proyecto de ley constitucional "relativo a la igualdad entre los hombres y las mujeres". Se compone de un único artículo:
"Se añade al artículo 3 de la Constitución del 4 de octubre de 1958 un apartado con el siguiente texto:

La ley favorece el acceso igual de mujeres y hombres a los mandatos y a las funciones". En el transcurso de los debates parlamentarios, se adopta también una enmienda destinada a modificar el artículo 4 de la Constitución (relativo a los partidos políticos), enmienda formulada de la siguiente manera: "[Los partidos] contribuirán a la puesta en práctica del principio que se enuncia en el último apartado del artículo 3 en las condiciones que la ley determine." Los artículos 3 y 4 de la Constitución son, pues, modificados tras la reunión, el 28 de junio de 1999, en Versalles, del Parlamento.

Desde ese momento, era importante poner en marcha el proceso de la paridad. El 6 de septiembre de 1999, Dominique Gillot, en aquella fecha ponente del nuevo Observatorio de la paridad establecido por el Primer ministro, remitía un informe preconizando la paridad alternada en algunas de las elecciones.

El 8 de diciembre de 1999, el gobierno hace público un proyecto de ley que prevé que para los escrutinios de lista (municipales en municipios de 3500 habitantes o más, regionales, europeas, proporcionales al Senado), dichas listas habrán de estar compuestas en un 50% por mujeres candidatas. Pero no se añaden precisiones relativas al lugar que deben ocupar. Para las elecciones legislativas, los partidos deberán presentar igualmente un 50% de mujeres, so pena de sanciones financieras. Es de resaltar que Francia es el primer país del mundo en haber previsto que, en la mayor parte de las elecciones, deban presentarse tantas candidatas femeninas como masculinos.

Los países que, hasta el presente, han querido incrementar el número de mujeres en las cámaras elegidas, únicamente han empleado el instrumento de las cuotas que, por otra parte, nunca han superado el 33%. Un proyecto que constituye una primicia mundial pero que para demostrar todo su potencial habrá de ser mejorado. Con ocasión de la primera lectura del proyecto en el Congreso de los Diputados, el 25 de enero de 2000, los diputados votaron varias enmiendas estipulando que, para las elecciones europeas y las elecciones proporcionales al Senado, las listas deberán (para ser válidas) respetar la paridad alternada y que, para las regionales y las municipales (en los municipios de 2.000 o más habitantes), se observará la paridad por grupos de seis candidatos. El Senado rechazó todas estas enmiendas; una comisión mixta paritaria se reunió pero sin alcanzar acuerdo alguno. El proyecto ha sido, consiguientemente, sometido de nuevo al Congreso de los diputados, después al Senado, y finalmente al Congreso en última lectura (el 3 de mayo). Los diputados aceptaron aumentar hasta 2.500 el umbral a partir del cual deberá aplicarse la regla paritaria en las elecciones municipales pero no hicieron ninguna otra concesión. Los senadores han deferido el texto al Consejo constitucional que lo validó el 30 de mayo de 2000 a excepción de un punto. Juzgó no conforme la aplicación de la ley en las elecciones municipales en municipios de menos de 3.500 habitantes, volviéndose con ello al umbral de los 3.500 inicialmente previsto en el proyecto gubernamental.

Los defensores de la paridad se acercan pues a conseguir sus objetivos aunque los debates a favor o en contra hayan sido extremadamente agitados, consiguiendo enfrentar entre ellos especialmente a intelectuales de izquierda y a feministas (hombres y mujeres).

A favor o en contra de la paridad

Para justificar su posición, los adversarios de la paridad alegan que el proyecto de la paridad iría al encuentro de la universalidad. Rememorando los principios fundadores de nuestra democracia, enuncian que ésta no reconoce más que al ciudadano abstracto, es decir, un ser que no puede ser reconocido por ninguna característica social, religiosa, cultural o sexual.

Tomar en consideración un determinado criterio, sea éste cual sea, para seleccionar a representantes equivaldría a romper la regla de la igualdad estricta que debe imperar entre los ciudadanos y que debe su existencia precisamente a que no se puede diferenciar entre "individuos abstractos". No obstante, si admitimos que solo se puede legitimar a dicho individuo abstracto, ¿Por qué debería suponer un problema que las cámaras de representantes sean casi en su totalidad masculinas? Los representantes, fueran quienes fuesen, y aunque todos ellos fuesen hombres, hablarían en nombre de todos sus representados (mujeres y hombres). Pero, en la práctica, los mismos adversarios de la paridad no hacen este razonamiento. Todas ellas y todos ellos lamentan la ausencia casi total de mujeres en las asambleas elegidas.

¿Cómo consiguen conciliar los adversarios de la paridad esta dimensión sexuada de la humanidad con su rechazo a incluirla en a ley? Hasta hace poco, respondían que no era necesario incluir la diferencia sexuada en la ley porque cualquier medida que confirme una diferencia no puede provocar más que una regresión. A pesar de lo anterior, algunos admitían una primera excepción a esta regla, proponiendo, desde 1995, que se concediese una dotación financiera adicional a aquellos partidos políticos que presentasen un número "aceptable" de mujeres. Lo cual equivale a inscribir la diferencia sexuada en la ley de financiación de los partidos políticos. Cabe entonces plantearse la siguiente pregunta: ¿Por qué es menos grave o atenta menos a la universalidad el hecho de inscribir esta diferencia en la ley de financiación de los partidos políticos en lugar de hacerlo en la ley electoral o en la Constitución? En 1999, algunos de los adversarios de la paridad pedían la inclusión de la presencia de hombres y mujeres... en el artículo 4 de la Constitución (para evitar dicha inclusión en el artículo 3). ¿Ya no supone entonces un atentado a la universalidad el que, a pesar de todo, figure la diferencia sexuada en la Constitución, con el pretexto de que se trata de un artículo relativo a los partidos políticos y no a la soberanía nacional?

También aparece frecuentemente en el discurso de los adversarios de la paridad el argumento según el cual si se adoptasen medidas constringentes para garantizar la promoción política de las mujeres, éstas serían elegidas por ser mujeres y no por sus competencias. Como si fuésemos a elegir a los candidatos hombres de entre los militantes de los partidos políticos y a las candidatas mujeres en una especie de tierra de nadie, fuera de las formaciones políticas. En opinión de los que defienden la paridad, si se organizaran elecciones paritarias, los partidos elegirían candidatas mujeres de entre sus militantes, que son numerosas. Por lo tanto, mujeres afines a sus ideas, capaces de luchar por un programa y cuyos compromisos políticos serían perfectamente conocidos. Serían elegidas, por las mismas razones que los hombres, por su adhesión a un proyecto político y no por el sencillo motivo de ser mujer. Representarían a los hombres y a las mujeres y se manifestarían a propósito de todas las cuestiones sometidas al juicio de los representantes elegidos. Y, ¿por qué habrían de ser estas militantes menos competentes que los hombres que ocupan en la actualidad un escaño en las cámaras? En el "manifiesto" publicado por "L’Express"el 11 de febrero de 1999, los adversarios de la paridad acusan a sus partidarios de abandonar "el principio de solidaridad entre víctimas de discriminaciones" y de ignorar "las desigualdades económicas, sociales y raciales que padecen tantas mujeres". Al contrario, las dificultades a las que se enfrentan las mujeres están en el centro de las preocupaciones de los defensores de la paridad. Y, de hecho, piensan que dichas desigualdades recibirían mayor atención en una cámara formada al 50% por mujeres de la que reciben en la actualidad. La agenda política se elaboraría entonces de tal manera que, al tratarse, por ejemplo, el tema del desempleo, se prestase atención a la forma particular en que afecta a las mujeres. Lo mismo es aplicable a todo lo relativo al tiempo parcial (patrimonio casi exclusivamente de las mujeres), las familias monoparentales (esencialmente asumidas por mujeres) y todos los problemas susceptibles de ser discutidos por representantes elegidos por el pueblo. ¿ No es mejor confiar en cámaras paritarias antes que en cámaras compuestas en un 90% por hombres para ocuparse de los problemas de las mujeres?.

Se percibe que los debates a propósito de la efectividad con que las mujeres acceden a la ciudadanía han sido extremadamente animados. En cualquier caso, nunca se habrá debatido tanto como en los últimos años del siglo XX su exclusión casi absoluta de la escena política. Por otra parte, puede pensarse que más allá de la paridad en la política, estas nuevas leyes contribuyen a difundir en el conjunto de la sociedad , en los ámbitos económico, social y cultural, una paridad mujeres/hombres aún excesivamente ausente. En este sentido, la "excepción francesa", que hasta ahora se refería al grave déficit de representación femenina, podría aplicarse a partir de ahora para designar el gran paso que se ha dado en la defensa de
los derechos de las mujeres.

Algunas publicaciones

Massuz-Lavau (Janine), Mujeres/Hombres. Por la paridad París, Presses de sciences Po, 1998.
Bataille (Philippe) y Gasparol (Françoise), Cómo cambian las mujeres la política y por qué resisten los hombres París, la Découverte, 1999.
Martin (Jacqueline), bajo la dirección de, La Paridad. Envites y puesta en práctica Toulouse, Presses universitaires du Mirail, 1998.
Thébaud (Françoise), Escribir la historia de las mujeres Fontenay/Saint Cloud, ENS Editions, 1998.
Véase también : Janine Mossuz-Lavau, directora de investigación en el CEVIPOF.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autora.

Última modificación: 27/02/2004

subir