La operación Turquoise en Ruanda– veinte años después [fr]

Mensaje dirigido a los ejércitos de Jean-Yves Le Drian, ministro de Defensa (11.04.14).

El 6 de abril de 1994, uno de los dramas más terribles que se han producido en el siglo veinte empezaba en Ruanda. Este drama pertenece a nuestra memoria colectiva, a la de nuestros soldados que se comprometieron con este país para tratar de poner fin al horror del genocidio.

Veinte años después, Francia cumple con el deber de memoria, en el respeto de la dignidad del pueblo ruandés, del recuerdo de las víctimas y de los relatos, terribles para la conciencia humana, de los supervivientes del genocidio.

Ese respeto que le debemos a Ruanda y a los sufrimientos inenarrables que este país ha sufrido, es también el de la verdad. A este respecto, las palabras tienen un sentido y, en estas circunstancias, hay acusaciones que no pueden quedar sin respuesta.

El honor de Francia y de sus ejércitos, es haber reaccionado antes que otros al drama que se estaba produciendo bajo la mirada de una comunidad internacional paralizada.

Lo hizo desde el mes de mayo de 1994, siendo la primera, a través de la voz valiente de Alain Juppé, entonces ministro de Asuntos Exteriores, en reconocer en esas matanzas un genocidio y en reclamar un sobresalto de la comunidad internacional.
También lo hizo encarnando ella misma el sobresalto. Tras una intensa lucha diplomática y un desafío logístico considerable, el ejército francés se desplegaba en Goma, a las puertas de Ruanda, para lanzar la operación Turquoise en el marco de un mandato de las Naciones Unidas. Esta operación, que se concibió desde el principio con una duración limitada a dos meses, respondía a un único objetivo, el de crear en una parte del territorio ruandés una zona humanitaria segura, lo que permitiría salvar a decenas de miles de vidas humanas. Esa era la orden de las operaciones de Turquoise y esa fue la misión ejecutada.

Al solicitar y al tener este mandato, Francia, por iniciativa del Presidente François Mitterand y con su ejército, asumió un riesgo que ningún otro país quería entonces asumir. Salvar tantas vidas como fuera posible sin tomar partido en la lucha por el poder que se estaba librando entonces: es el reto que para muchos era imposible y al que sin embargo las tropas francesas de Turquoise se enfrentaron. Esta acción, en medio de acontecimientos trágicos, constituye un gran mérito para Francia.

Veinte años después, asumimos plenamente esta Historia. La asumimos tanto más que Francia no ha eludido su deber de introspección crítica. La misión de información sobre Ruanda de la comisión de la defensa de la Asamblea Nacional, presidida por el diputado Paul Quilès, cuestionó sin ningún tabú en 1998 las motivaciones y la realidad del compromiso francés en Ruanda. Las conclusiones de la misión, independiente y pluralista, no dejan ningún lugar a las acusaciones inaceptables que se han proferido contra el ejército francés estos últimos días. Además, desde entonces, el ministerio de Defensa ha hecho prueba de una transparencia ejemplar en los procedimientos judiciales que se iniciaron después del genocidio: en total, se desclasificaron más de 1.100 documentos.

Nuestro deber de memoria encuentra hoy sus prolongaciones en la acción, frente al riesgo de que la Historia se repita. Ese ejército que intervino con valentía hace veinte años es el mismo que el que ha librado al pueblo maliense de la violencia terrorista, y que se compromete hoy junto con los africanos, y especialmente junto con los soldados ruandeses, para prevenir una nueva tragedia en República Centroafricana.
Este es el honor de Francia y de sus ejércitos que seguiré defendiendo.

Última modificación: 14/04/2014

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