Iniciativa “4 por 1000” del Ministerio de Agricultura, sector Agroalimentario y Bosques [fr]

“Suelos ricos en carbono para la seguridad alimentaria y el clima”

Una tasa de crecimiento anual del stock mundial de carbono de los suelos de “4 por mil” permitiría absorber y almacenar el equivalente de las emisiones antrópicas anuales de CO2, es decir 75% de las emisiones de gas de efecto invernadero. Aumentar el contenido en carbono de los suelos agrícolas permite también mejorar la seguridad alimentaria, adaptarse a los cambios climáticos y desarrollar la biodiversidad de los suelos.

El objetivo de la iniciativa “4 por 1000” ─basada en una documentación científica sólida y acciones concretas in situ─ consiste en mostrar que seguridad alimentaria y lucha contra el cambio climático son complementarios y en procurar que la agricultura aporta soluciones.

Los suelos agrícolas: una prioridad mundial para garantizar la seguridad alimentaria.

La degradación de los suelos amenaza más de 40% de la superficie terrestre y los cambios climáticos aceleran este proceso de degradación, amenazando la seguridad alimentaria. La reducción de los períodos de precipitaciones y la multiplicación de los eventos extremos favorecen la erosión de los suelos. El aumento de las temperaturas aumenta la evapotranspiración y en consecuencia la desecación de los suelos. A largo plazo, más de 12 millones de hectáreas de tierras arables podrían perderse cada año.

Esta destrucción del potencial agronómico y productivo de la tierra tiene consecuencias desastrosas para la seguridad alimentaria: cabe mencionar que los primeros afectados son los agricultores familiares. Nuestra capacidad para alimentar a 9 500 millones de seres humanos en 2050, en un contexto de cambio climático, dependerá particularmente de nuestra capacidad para conservar nuestros suelos vivos.

Además, los suelos contienen 2.6 veces la cantidad de carbono contenida en la atmósfera y su degradación misma interviene fuertemente en el aumento de las emisiones de gas de efecto invernadero. Al prevenir esta degradación o al restaurar los suelos deteriorados, se evitan nuevas emisiones. Del mismo modo, más de 300 millones de toneladas de carbono ─es decir alrededor de 4% del total de las emisiones mundiales─ son lanzados cada año en la atmósfera debido a los cambios de uso de los suelos. La mayor parte de estas emisiones está relacionada con prácticas agrícolas perfectamente identificadas: deforestación, cambio de prados, drenaje de turberas y zonas húmedas; mientras que otras prácticas, por el contrario, pueden ser susceptibles de almacenar carbono, tanto en los suelos como en la biomasa. El objetivo de 4‰ aplicado en el horizonte de los suelos mundiales ─lo que representa existencias de cerca de un billón de toneladas de carbono─ se traduciría en algunas décadas por un almacenamiento anual de 4 mil millones de toneladas de carbono en el suelo, lo cual representaría un contrapeso del aumento del CO2 atmosférico.

Las materias orgánicas de los suelos, mayoritariamente compuestas de carbono, intervienen en cuatro grandes servicios ecosistémicos que son la resistencia de los suelos a la erosión, su retención en agua, su fertilidad para las plantas y su biodiversidad.

Preservar los suelos ricos en carbono orgánico, restaurar y mejorar los suelos agrícolas degradados y, de manera general, aumentar el porcentaje de carbono en los suelos son desafíos de suma importancia para afrontar el triple reto de la seguridad alimentaria, la adaptación de los sistemas alimentarios a los cambios climáticos y la atenuación de las emisiones antrópicas. Las agriculturas del mundo deben transformarse para lograrlo: existen soluciones concretas para ello.

La iniciativa “4 por 1000”

El carbono orgánico de los suelos es un indicador fundamental de la calidad, la fertilidad y por lo tanto de la productividad de los suelos. Aumentar el porcentaje de carbono orgánico de los suelos contribuye directamente a la resiliencia y la durabilidad de la agricultura, a la seguridad alimentaria de las sociedades, reteniendo al mismo tiempo carbono atmosférico.

La iniciativa “4 por 1000” propone mejorar el contenido en materia orgánica alentando la retención de carbono en los suelos, a través de la implementación de prácticas agrícolas. Estas prácticas ─mecánicas, culturales o biológicas─ deberán adaptarse a las situaciones locales tanto desde el punto de vista ambiental como social, contribuyendo de esta manera a preservar la riqueza de los suelos así como a restaurar los suelos fragilizados y desertizados con el fin de mejorar la seguridad alimentaria, propiciar la adaptación al cambio climático y contribuir a su atenuación.

La puesta en marcha de buenas prácticas de gestión de los suelos agrícolas es un reto mayor que atañe al conjunto de los protagonistas de la sociedad, pero es preciso señalar que existen palancas para lograrlo. La agro-ecología, que va más allá del trabajo del suelo únicamente, ofrece numerosas prácticas disponibles (cobertura permanente de los suelos, utilización de productos orgánicos, sistemas de cultivo diversificados, agrosivicultura…) para luchar contra la degradación de las tierras y restaurar el potencial productivo de los suelos, permitiendo de esta manera conciliar seguridad alimentaria, adaptación al cambio climático y atenuación de las emisiones de GES del sector agrícola.

¿Cuál es el valor agregado de la iniciativa “4 por 1000”?

La iniciativa “4 por mil” deben permitir desarrollar acciones concretas in situ que beneficien a los agricultores y ganaderos, primeras víctimas de la degradación de las tierras.

Se trata de una iniciativa multisectorial que asocia, en una primera etapa, al conjunto de partes interesadas en torno a dos grandes ejes de acción:

1- un programa internacional de investigación y cooperación científica - “el carbono en los suelos: un reto de seguridad alimentaria”, que trata cuatro temas científicos complementarios:

- los mecanismos de almacenamiento del carbono en los suelos
- la evaluación de la calidad de los resultados de las prácticas agrícolas virtuosas y de sus consecuencias sobre los otros servicios de producción y de regulación
- el apoyo a las innovaciones y su estímulo mediante políticas adecuadas
- el seguimiento y la restitución de los resultados, que van a requerir la invención de mecanismos institucionales y financieros nuevos.

2 - una alianza de protagonistas que se comprometan a luchar contra la pobreza y la inseguridad alimentaria, gracias a la puesta en marcha a escala local de nuevas prácticas agrícolas favorables a la restauración de los suelos, la biodiversidad y el aumento de su stock de carbono orgánico.

La acción conjunta de todas las partes interesadas debe permitir concentrar nuevos financiamientos hacia el sector agrícola para la adaptación al cambio climático, la seguridad alimentaria y atenuación de las emisiones, propiciando al mismo tiempo la implementación de políticas de desarrollo adaptadas.

Esta iniciativa permitirá también fortalecer las sinergias existentes y las coherencias entre las tres grandes Convenciones de Río (la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre los Cambios Climáticos (CCNUCC), la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (CNULD) y la Convención sobre la Diversidad Biológica (CDB)), el Comité de la Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible que las Naciones Unidas aprobarán en septiembre de 2015. En efecto, desertificación, cambios climáticos y pérdida de biodiversidad interactúan para amenazar o por contrario contribuir mediante soluciones apropiadas al desarrollo sostenible.

El objetivo de esta iniciativa no consiste en duplicar ni hacer que compitan estas instancias de negociación sino incitar a los protagonistas a movilizarse de manera coordinada y a comprometerse por una transición hacia una agricultura productiva, resiliente, que presente un balance carbono favorable, basada en una gestión inteligente de los suelos, creadora de empleos e ingresos y por ende portadora de desarrollo sostenible.

¿Cuáles serían las contribuciones de los protagonistas?

- Los Estados y los gobiernos locales pueden comprometerse a apoyar la transición de los sistemas agrícolas a través de la puesta en marcha de formaciones, reglamentaciones y herramientas adaptadas, en particular, en materia de ordenamiento de tierras o de apoyos públicos.

- Los donantes y las fundaciones privadas pueden apoyar proyectos de desarrollo que faciliten la difusión y la puesta en marcha de prácticas agrícolas, las cuales permitan aumentar y estabilizar el porcentaje de materias orgánicas en el suelo preservando al mismo tiempo los suelos ricos en carbono. Próximamente se harán propuestas en este sentido.

- La investigación internacional puede desarrollar los cuatro aspectos arriba descritos de manera coordinada.

- Las empresas privadas pueden comprometerse a eliminar de sus cadenas de suministro los productos resultantes de prácticas que inducen la degradación de suelos, como lo hacen para la deforestación. También pueden comprometerse en proyectos de rehabilitación de suelos.

- Las organizaciones profesionales agrícolas (OPA) pueden contribuir y alentar la adopción de nuevas prácticas que permitan almacenar todavía más carbono aumentando al mismo tiempo la fertilidad y la resiliencia de suelos, en enlace con los investigadores y las ONG.

- Las ONG desempeñarán un papel determinante para identificar, adaptar y facilitar la difusión de las buenas prácticas, garantizando que corresponden bien a las expectativas de los productores, en enlace con los investigadores y las OPA.

Última modificación: 13/04/2016

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