Geografía de Francia

Francia, con una superficie de 551.500 km2, es el más extenso de los países europeos. El censo de 1999 mostró un resultado de 58.416.300 habitantes, sin contar los territorios y departamentos de ultramar, y de 60.081.800 si se los incluye, lo que sitúa su población en el segundo lugar entre los Estados europeos, detrás de Alemania y a un nivel similar al del Reino Unido e Italia. Con todo, las dimensiones geográficas de Francia no son en absoluto comparables con las de los gigantes de otros continentes, en especial Estados Unidos, Rusia, la India o China…

El hexágono francés

El territorio francés tiene la forma de un hexágono. Lo han venido constituyendo desde la Edad Media, durante al menos un milenio, la voluntad obstinada y unificadora de los reyes y, posteriormente, la de la República. El hexágono, bien equilibrado, se abre a tres grandes litorales marinos y está limitado por tres fronteras terrestres. Adquirió sus dimensiones actuales como resultado de las guerras franco-alemanas de los siglos XIX y XX.

En el sur, la frontera con España está formada por la cordillera de los Pirineos, que tiene su punto más alto en el Aneto, con 3.404 metros. Al este, los Alpes y el Jura cierran las fronteras con Italia y Suiza, mientras que el curso medio del Rin separa Francia de Alemania. Estas son fronteras «naturales», estacionarias durante mucho tiempo; en la actualidad, a causa del aumento del tráfico europeo, su cruce por puertos, puentes y túneles de carretera y ferroviarios plantea serios problemas. Los Pirineos, los Alpes y el Jura confieren a Francia un carácter montañoso, que comparte con los países vecinos. Los Alpes franceses del norte constituyen la zona de esquí más extensa de Europa y permiten la práctica de la mayor parte de los deportes de montaña. El Mont Blanc, la cima más alta de Europa, alcanza los 4.807 metros.

Al norte, en cambio, la frontera con Alemania, Luxemburgo y Bélgica es mucho más abierta. Coincide con el viejo macizo de las Ardenas, de altitudes modestas, y la gran llanura de Europa septentrional. Fue durante mucho tiempo la frontera de los conflictos, las batallas y las invasiones. En la actualidad es, en varios puntos, un lugar de intensa actividad transfronteriza entre la región de Lille y Bélgica, entre la Lorena, Luxemburgo y el Sarre. Pero se perfilan en otras partes nuevas regiones transfronterizas, estimuladas por los acuerdos europeos: en el curso medio del Rin, entre Alsacia y Baden-Württemberg, en torno a Basilea-Mulhouse y Ginebra, en la región de Niza, en Cataluña o en el País Vasco.

Francia goza del privilegio excepcional de abrirse a tres litorales marinos, si no a cuatro. Al sur está el Mediterráneo, con un litoral muy soleado, costas escarpadas y pintorescas en la Provenza y la Costa Azul, y largas playas de arena en el Languedoc. Al sudoeste, con un clima un poco más húmedo, pero suave y luminoso, y litorales compuestos en su mayor parte por playas arenosas bordeadas de marismas o de dunas, se encuentra el Atlántico. Al noroeste se abre al canal de la Mancha y al mar del Norte, el canal marítimo más transitado del planeta, entre el Atlántico y los grandes puertos belgas, neerlandeses, británicos y alemanes del mar del Norte. Francia dispone de dos conjuntos portuarios de dimensiones europeas, El Havre y Ruán, en la cuenca baja del Sena, y Marsella, en el Mediterráneo, en la desembocadura del valle del Ródano. Sin embargo, nunca fue una gran potencia marítima, como podría haberlo sido, y hoy menos que nunca. La actividad principal de las costas francesas es en la actualidad el turismo, desarrollado en todas partes, desde el mar del Norte al Mediterráneo. La calidad de las costas contribuye a hacer de Francia, con sus macizos montañosos, sus campiñas y sus ciudades históricas, el primer país en recepción turística de Europa y del mundo.

Una encrucijada europea

El territorio francés está situado en el istmo, un tanto dilatado, que separa, en el oeste de Europa, el Mediterráneo del canal de la Mancha y el Atlántico, y comunica la península Ibérica con el resto del continente.

En este marco, la cuenca de París ha desempeñado siempre, y sigue haciéndolo, un papel determinante por la facilidad de sus comunicaciones en cualquier período de la historia, por su extensión, por las cualidades agrarias de su suelo y por la convergencia hidrográfica en torno a sus dos grandes ríos, el Sena y el Loira. Es la cuna de la nación francesa, la heredad de los reyes a la que se fueron uniendo las demás provincias, la región capital de la República. Está presidida por París, una de las mayores ciudades y una de las más importantes regiones urbanas de Europa y del mundo: 2.116.00 residentes en París, 10.925.000 en la Île-de-France. A ello hay que añadir las ciudades de la periferia de la cuenca, Caen, Ruán, El Havre, Amiens, Reims, Orleáns, Tours… Refuerza esta red urbana, muy dominada por París, la intensidad del tráfico europeo que la atraviesa, entre el Reino Unido, el Benelux, Alemania y, más alejadas hacia el sur, Italia y la península Ibérica.

Dos grandes ejes de circulación completan este dispositivo que convierte al territorio francés en una de las encrucijadas más importantes del oeste europeo; en cualquier caso, la más extensa y la más inevitable para el tráfico internacional. En el este, el gran eje norte-sur de los valles del Rin y del Mosela, del Saona y del Ródano, bastante discontinuo pero bien comunicado en la actualidad mediante autopistas y líneas de tren de alta velocidad (TGV), está jalonado de ciudades de gran tamaño: Metz, Nancy, Estrasburgo, Lyon, Grenoble, Saint-Etienne, Marsella. En el sur, el litoral mediterráneo, prolongado por el valle del Garona y la cuenca de Aquitania, desempeña una función semejante, con ciudades como Niza, Marsella, Montpellier, Toulouse o Burdeos. Actualmente son estas ciudades y estas metrópolis, así como la región parisina, las que concentran la población y acumulan las riquezas de la industria y las actividades terciarias, más que las antiguas cuencas industriales basadas en el carbón, el acero y el textil, como la Lorena y el Nord-Pas-de-Calais. Tres grandes áreas metropolitanas tienen una población de un millón de habitantes aproximadamente: Lille-Roubaix-Tourcoing, en contacto con Bélgica e Inglaterra; Lyon, el principal centro de comunicaciones y de iniciativas económicas después de París, cerca de Suiza e Italia, y Aix-Marsella, la puerta del Mediterráneo.

En el oeste del territorio, en el macizo Armoricano y sus estribaciones, y sobre todo en el centro, en el macizo Central y sus inmediaciones, se produce un mayor aislamiento y son menos numerosas las ciudades importantes: Rennes, Brest, Poitiers, Nantes, Limoges o Clermont-Ferrand. Allí, las empresas rurales siguen siendo las más fuertes y se mantiene una red más o menos densa de ciudades pequeñas y medianas.

La diversidad, la unidad y el centralismo

Con todos estos componentes, Francia aparece como un territorio de sorprendente diversidad. Los franceses disfrutan de esa variedad. Se hacen bromas sobre ellos, y se los envidia, por la variedad de sus quesos, de sus vinos, de sus costumbres culinarias… Siguen asimismo muy vinculados a sus municipios, base de la administración territorial de la República, junto con los departamentos y las regiones. Los municipios franceses, algo más de 36.000, componen un esquema único en Europa y en el mundo por su extraordinaria dispersión. Con un tamaño más razonable, las 22 regiones metropolitanas y los 100 departamentos no tienen unas dimensiones inferiores, por lo general, a la de sus equivalentes extranjeros.

La diversidad del territorio francés, en la encrucijada de la historia y la geografía, corresponde a su división administrativa. Diversidad de climas, desde el mediterráneo al oceánico, desde el marítimo al continental. Diversidad de relieves, desde las grandes llanuras del centro de la cuenca de París hasta las cimas de los Alpes o de los Pirineos, desde las rocas aborregadas de los montes del Macizo Central o de los Vosgos hasta los grandes valles del Ródano o del Loira. Diversidad en las formas de incorporación al territorio francés, desde la Île-de-France, corazón del país a partir de los primeros reyes capetos, hasta la Saboya, el condado de Niza, Alsacia y la Lorena, disputados a otros países hasta los siglos XIX y XX. Diversidad de idiomas, de dialectos y de costumbres. Diversidad de ciudades, la mayor parte de ellas con una historia muy antigua. Diversidad de regiones y de terruños. Este mosaico territorial prolonga lo que fue Francia durante mucho tiempo: rural, campesina, enraizada en tradiciones multiseculares, rica (o pobre) por un policultivo de componentes variados, y cuyos tres pilares siguen siendo un sistema cerealista muy productivo que prevalece en la cuenca de París, una tradición ganadera siempre vivaz en el oeste y en el Macizo Central, y una versión mediterránea basada en la viticultura, la fruticultura y la producción hortícola. De ahí la variedad y la belleza de los paisajes, llanuras, sotos, bosques, monte bajo, laderas vitícolas y zonas de regadío, y el hecho de que constituya uno de los lugares que ofrecen mayor calidad en la agricultura europea, particularmente en el caso de los cereales, la producción bovina, los productos lácteos, el vino, las frutas y las hortalizas... Y por añadidura, conviene mencionar el toque tropical de las islas del Caribe, el océano Índico y el Pacífico.

La paradoja (a menos que se trate de una complementariedad) es que este mosaico haya dado origen al Estado y al territorio más centralizados de Europa y de los más centralizados del mundo. El Estado, apoyado por los departamentos y los municipios, garantiza la unidad de la República, presente en todas partes a través de los servicios públicos y particularmente de la escuela. La expansión industrial de los siglos XIX y XX, el despliegue de la red de transportes, el mapa universitario y de los centros educativos selectos, originalmente muy concentrado en París, o la implantación de un capitalismo a menudo apoyado en el Estado y en grandes sociedades nacionales, contribuyeron a modelar un territorio muy centralizado, en el que se oponían París y las provincias, y en el seno de éstas, regiones muy dinámicas, como Rhône-Alpes, y otras mucho menos favorecidas, como la Auvernia o el Lemosín. La plasmación principal de este cúmulo de concentraciones sigue siendo la red de transportes: las vías férreas reprodujeron el trazado en estrella de las antiguas vías reales, y en la actualidad, las líneas aéreas y los TGV reproducen el de los ferrocarriles del siglo XIX. Todo converge en París. Todo procede de París. Cierto es que la voluntariosa política de ordenación del territorio emprendida resueltamente a partir de la Segunda Guerra Mundial ha corregido de forma notable dicha tendencia, lo mismo que las leyes de descentralización de 1982. Con todo, el territorio francés continúa marcado por la centralización, que en otros tiempos fue la de la producción industrial y los principales servicios, y hoy la de las decisiones, los servicios de mayor nobleza, la moda, el arte y la cultura.

Tres rostros de Francia

Tras la crisis que afectó profundamente a las regiones agrícolas e industriales, en la Francia contemporánea pueden apreciarse tres tipos principales de paisaje, con la uniformidad aparente que proporciona una densidad media de 100 habitantes por km2, sensiblemente inferior a la de casi todos los países vecinos.

París y la Ile-de-France siguen siendo únicas en su género. Conforman, cada vez más, una vasta región urbana que desborda los límites de la Île-de-France y cuyo único equivalente en Europa es el Gran Londres. Más de 10 millones de personas residen y trabajan en ella. Sigue siendo, con gran diferencia, la primera región francesa en casi todos los campos. Pese a los esfuerzos del Gobierno en sentido contrario, se le conceden siempre las principales inversiones públicas. París, capital prestigiosa, es una ciudad con influencia mundial en todos los ámbitos, aunque ello es más cierto en los órdenes político, turístico, artístico o cultural que en la esfera económica. La población de París y la Île-de-France ha dejado prácticamente de crecer, pero los «flecos» de París se extienden hoy hasta las regiones vecinas. La capital y su extrarradio constituyen el principal melting pot de Francia, con una población inmigrante de en torno a 1.300.000 personas.

En la Francia de las áreas metropolitanas, repartidas por casi todas las regiones, es en la actualidad donde que más crece la población, en proporción a su dinamismo económico.

Algunas regiones, como la Lorena, el Nord-Pas-de-Calais o la Haute-Normandie, siguen muy marcadas por la crisis industrial de las décadas de 1970 y 1980. Antiguos centros industriales, como Saint-Etienne, El Havre o Montbéliard, experimentan un declive demográfico. Se trata, más bien, de excepciones. El desarrollo de los servicios y algunos logros industriales conllevan en casi todas partes el crecimiento urbano. Se perfilan así nuevas periferias y nuevas zonas rurales revivificadas por la influencia directa de las ciudades cercanas. Casi todas las regiones francesas se ven afectadas por este fenómeno de «metropolización» del espacio, tanto en torno a áreas metropolitanas de 200.000 habitantes, como Caen, Le Mans o Angers, en el oeste, como en metrópolis mayores del este o del sur del país, como Grenoble, Montpellier o Burdeos. Los incrementos más claros se observan allí donde las metrópolis obtienen mayores logros económicos; por ejemplo, en el doble polo Nantes-Saint-Nazaire, en el estuario del Loira (en torno a 680.000 habitantes), la principal metrópoli industrial y de servicios del oeste, o Toulouse, capital europea de la aeronáutica (760.000 habitantes).

En los intersticios de estas áreas metropolitanas subsiste una Francia puramente rural, sólo animada por ciudades pequeñas, a menudo encantadoras. La agricultura en explotaciones familiares de baja productividad deja progresivamente paso a terrenos baldíos o a la reforestación. La población se reduce, tanto por la disminución de la natalidad como por efecto de la emigración, que tiende a disminuir. Las densidades caen por debajo de los 20 habitantes por km2 .Tras la desindustrialización y el éxodo de los campesinos, los servicios públicos están en tela de juicio. El turismo, de fin de semana o estival, se convierte en la principal actividad económica. Todas las regiones francesas se encuentran afectadas por este fenómeno, tanto las de la periferia como las del centro, desde el sur de la Lorena hasta los Pirineos, pasando por la Auvernia y el Lemosín. Constituyen «la Francia del vacío», pero también una inestimable reserva de historia, de naturaleza y de cultura, un patrimonio siempre vivo y todavía seductor, un lugar para la memoria y el silencio.

La extrema diversidad de los territorios franceses evoca la europea, pero con acentos aún más contrastados. Un «país viejo», escribió el general De Gaulle; viejo por su historia milenaria, por la estratificación de las costumbres y las tradiciones, por el envejecimiento de la población. Esta última sigue siendo menos pronunciada que en el resto de Europa. La debilitación del equilibrio entre nacimientos y fallecimientos resulta también menos evidente, y el saldo continúa siendo positivo. Francia es asimismo tierra de acogida, como lo ha sido a lo largo de toda su historia, absorbiendo las oleadas sucesivas de grandes invasiones o de inmigraciones procedentes del sur y del este de Europa, y ahora del Magreb, de África y de las islas tropicales. En el momento actual, la población inmigrante asciende a 3.263.000 personas, pero la inmigración ha tenido muy poca relevancia durante la última década. La Francia de las metrópolis ha sustituido a la de los viejos terruños rurales y las ciudades pequeñas. Más de las tres cuartas partes de la población francesa vive en ciudades, y más todavía en la órbita de una gran ciudad. Allí se encuentra la nueva «Francia profunda», muy firme en su unidad nacional y extremadamente diversa en cuanto a territorios y personas.

La Francia metropolitana

Véase también:

* Armand Frémont, antiguo rector, es presidente del consejo científico de la Delegación para la Ordenación del Territorio y la Acción Regional (DATAR, en sus siglas francesas).

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor

Última modificación: 04/02/2004

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