Alocución del Primer Ministro sobre Grecia en la Asemblea Nacional (08/07) [fr]

Manuel Valls tomó la palabra el miércoles 8 de julio en la Asamblea Nacional francesa en el transcurso de un debate sobre la situación en Grecia. Ante los diputados, recordó que la voluntad de Francia es hacer todo lo posible para que Grecia, "cuna de Europa", permanezca en la zona euro.

Situación de Grecia y desafíos europeos

Miércoles 8 de julio de 2015

Intervención de Manuel VALLS, primer ministro

(Sólo es válido el discurso pronunciado)

Señor Presidente,
Señoras Ministras, señores Ministros,
Señoras Diputadas, señores Diputados,

Hace 70 años que Europa, ese “viejo sueño”, se hizo realidad para nuestros países, para los pueblos. Juntos, a base de voluntad, hemos sabido transformar nuestra historia: sellar una paz duradera y conseguir que, del Sur al Este, arraigue la democracia.

Es una magnífica construcción de Naciones que han unido sus fuerzas, sus destinos, para tener más peso. ¡Económicamente! Pero también política, diplomáticamente.

Europa es una voz que dice algo y tiene alcance.

Por supuesto, tiene sus insuficiencias, sus carencias: vacíos democráticos todavía por colmar, debilidades diplomáticas, dificultades económicas, ¿quién puede negarlo? Pero tengamos por segura una cosa: sin Europa, no sólo abandonaríamos un ideal… perderíamos una gran parte de nosotros mismos. En un mundo que cambia tan deprisa, nuestras Naciones se quedarían aisladas, diluidas. Debilitadas, irían perdiendo pie.

1/ Europa vive un momento crucial de su historia

El Gobierno ha querido que el debate de hoy tenga lugar para que la representación nacional participe plenamente, porque se trata de un momento crucial. ¡Crucial para Grecia y para el pueblo griego! Crucial, también para nosotros y para la construcción europea.

Debemos rechazar una Europa de resentimiento, de castigo y de humillación. Una Europa en la que crecieran, por aquí un sentimiento antigriego y, por allí, un sentimiento antialemán, donde se instalaran definitivamente el egoísmo y el populismo; una Europa en la que se abandonara a los más débiles a su propia suerte.

Europa significa estar orgulloso de ser uno mismo, no replegarse sobre uno mismo. Significa respetar a los pueblos y a las personas.

Entre Francia y Grecia, entre París y Atenas, existe un vínculo histórico muy fuerte, irremplazable.

Grecia es la cuna de Europa, por su historia, su cultura, y lo que nos ha aportado: la democracia.

A principios del siglo XIX, los poetas, los escritores, los artistas franceses – entre ellos Chateaubriand, Víctor Hugo, y también Delacroix, Lamartine– entonaron en canon el canto de libertad del pueblo griego independizándose.

Grecia es un país europeo. Está en la Unión Europea desde 1981, entre otras cosas gracias a Francia, en aquella época, con el presidente Valéry Giscard d’Estaing. Fue entonces cuando salió de la dictadura de los coroneles.

Y hoy hay personajes insoslayables de esa alma cultural común que nos hemos forjado. Aquí, en Francia, resuenan nombres y obras de literatura, de música, de cine. Por ejemplo Mélina Mercouri, Costa-Gavras, que ha dirigido a grandes actores franceses en Z, una película sobre la historia de su país. Y también Jacqueline de Romilly, una mujer francesa que ha entregado su vida a la cultura, a la lengua griega – tanto que recibió en 1995 la nacionalidad griega ad honorem.

Grecia es una pasión francesa. ¡Y Europa, la diosa que le ha dado nombre a nuestro continente ocupa un lugar central en nuestra mitología! Debemos ser fieles al pasado y al futuro de esta relación.

Grecia también es consciente de lo que Europa le ha aportado.

Sepamos pues escuchar el mensaje de un pueblo que ha vivido la austeridad. ¡No! ¡Con su voto, los griegos no han querido romper con Europa! ¡No han dicho no al Euro! Porque en el fondo, todos saben lo terribles que serían las consecuencias de su salida de la moneda única; todos saben que no hay salida “tranquila” y “sin drama”.

La salida significa necesariamente: hundimiento de los ingresos, el precio de las importaciones disparándose, el de los productos de primera necesidad también, consecuencias sociales y políticas y de orden público que ninguno de nosotros somos capaces de prever. ¿Esto es lo que queremos para el pueblo griego? ¿Ésta es la imagen que queremos dar de Europa ante el mundo? ¡No! En cualquier caso, no es la postura de Francia.

Europa necesita solidaridad. Pero, ante los colosales desafíos de nuestra época, también necesita unidad y estabilidad. El mantenimiento de Grecia en el Euro, y en la Unión Europea, es también una cuestión geoestratégica y geopolítica de la mayor importancia.

Naturalmente, estoy pensando en nuestras relaciones con Turquía, en los Balcanes, que siguen siendo frágiles, en las tensiones en la frontera Este de Europa – Grecia, con sus vínculos con Rusia y el mundo ortodoxo, entre otros, es un actor de primera importancia en la Asociación Oriental. También estoy pensando en los retos migratorios. Junto a Italia, Grecia es hoy uno de los países más expuestos a las llegadas masivas de migrantes. Grecia, miembro de la OTAN, es también el puesto avanzado europeo de un Oriente Próximo en llamas.

Debilitar a Grecia significa por tanto debilitarnos de forma colectiva.
Es un debilitamiento de Europa con repercusiones económicas, entre otras. Esta preocupación es la que comparten los dirigentes estadounidenses y chinos. El mundo tiene puesta la mirada en nosotros. Y se hace preguntas.

2/ El papel de Francia

Por ello, Francia – y en primer lugar el Presidente de la República - consciente de lo que está en juego, no repara en esfuerzos, para hallar soluciones, para lograr que coincidan los puntos de vista.

Y, con el Jefe del Estado, actuamos sin descanso para que Grecia cumpla sus compromisos; para escuchar la decisión de un pueblo, sin dejar de garantizar la cohesión de Europa. Cumpliendo esta condición es como alcanzaremos un acuerdo satisfactorio para todas las partes.

Así es, al fin y al cabo, la historia de Europa: hallar soluciones comunes, construir juntos, respetando a Gobiernos elegidos democráticamente, respetando a todos, todas las sensibilidades, que no son las mismas cuando uno está en Dublín, en Bratislava o en Lisboa.

Nada es fácil, por supuesto. El debate es real; el peligro, serio.

Por eso, Francia, miembro fundador, actúa de acuerdo a su rango, saca de sí misma las fuerzas que siempre han hecho de ella una garante del destino europeo. Es nuestra vocación. No podemos ceder a la resignación.

Somos Francia. Es decir, la elección de no padecer sino de actuar. Llevamos a Europa en nosotros mismos. En nuestro corazón. Sabemos cuáles son su inmenso precio y su incalculable riqueza. No podemos eludir nuestras responsabilidades históricas. El Presidente de la República asume plenamente este papel. Con sentido de la Historia.

Sí, Francia – es su papel, lo que se espera de ella – hace todo lo que está en su mano, junto a sus socios, apoyándose en la fuerza, la cohesión, del eje franco-alemán. Su papel es el compromiso. No romper o excluir. No volcar el tablero.
Cuando lo fundamental está en juego – y lo fundamental está en juego – Francia y Alemania tienen el deber de estar a la altura de los acontecimientos. Por supuesto, cada uno puede tener sus sensibilidades, especialmente en su opinión pública. Pero la fuerza de esta relación consiste en saber avanzar juntos.

Nuestros dos países lo saben bien: esta relación no es exclusiva, pero es única, juntos tenemos una capacidad de arrastre. Somos dos países soberanos conscientes de sus responsabilidades. La reunión celebrada en el Elíseo el lunes por la tarde era fundamental para restablecer las relaciones con todos los actores.
Nada es fácil, pero nosotros somos quienes debemos lograr estar a la altura de la situación. Es lo que hizo una vez más el Presidente de la República junto a la Canciller de Alemania el pasado lunes, y también ayer por la tarde, en Bruselas, con el ministro de Finanzas y Cuentas Públicas.

Quiero aplaudir la decidida actuación de Michel Sapin, que, desde el inicio de las negociaciones, no ha dejado de multiplicar los intercambios y de hacer todo lo que está en su mano para que se comparta la visión francesa y se apoye a Grecia. No quiero dejar de agradecerle aquí su actuación al servicio de los intereses de nuestro país y de los de Europa.

La determinación de Francia es total.

Y si estamos tan movilizados no es, como he podido oír en boca de algunos, porque vayamos a remolque de Alemania o porque seamos indulgentes con el Gobierno de Alexis Tsipras, sino porque nos interesa a nosotros. Y lo que nos interesa es Europa.

3/ ¿Por qué hemos llegado hasta este punto?

Señoras Diputadas, señores Diputados,

Entender bien la situación actual exige de nosotros una mirada retrospectiva sobre los últimos diez años.

Grecia registró un gran crecimiento económico en los años 2000, de hecho, en parte gracias a la estabilidad que confiere la pertenencia a la zona euro.

Pero no supo modernizar su economía y llevar a cabo las reformas necesarias, ni en el sector privado ni en el público. Así es como, al estallar la crisis económica, la economía griega era ya muy débil, con una deuda pública y un déficit de la balanza comercial extremadamente elevados.

Por ello, los mecanismos de prevención, que permitían anticipar una crisis en la zona euro, no funcionaron. Tuvimos que inventar mecanismos de gestión de crisis con urgencia, y por tanto a tientas. Sin la solidaridad de sus socios europeos, Grecia hubiera quebrado en 2010. Lo evitamos dándole una ayuda financiera masiva – cercana a los 240 000 millones de euros – e implantando un programa de reformas para que su economía se recuperara.

Lo promovió Francia, con la anterior mayoría. Aceptar hoy, no sin dejación, la salida de Grecia de la zona euro, está en total contradicción con nuestros valores y las orientaciones que Francia ha deseado siempre para Europa. Es admitir la impotencia. En nombre de lo que Francia es, me niego a hacerlo.

Al precio de esfuerzos reales, y a menudo dolorosos para la población – y que nadie debe subestimar-, es cierto que la economía griega no se había curado a finales de 2014, pero estaba en vías de curación: había vuelto el crecimiento y el presupuesto público experimentaba un superávit primario. Sin embargo, el problema de la deuda seguía igual y los griegos no veían llegar los frutos concretos de sus esfuerzos.

A principios de 2015, el Gobierno griego, recién elegido, deseó revisar las modalidades del programa de asistencia, en especial el detalle de las reformas necesarias para que Grecia pudiera recibir el resto de la ayuda financiera prevista.
Las discusiones fueron largas y difíciles – no voy a insistir-, pero hace dos semanas estábamos muy cerca de un acuerdo. Las instituciones – la Comisión Europea, el BCE, el FMI – habían hecho nuevas propuestas, con objetivos presupuestarios revisados a la baja. El objetivo era permitir que Grecia honrara sus compromisos pasados y también que volviera a crecer.

Sin embargo, el Gobierno griego decidió interrumpir las negociaciones unilateralmente– lo lamentamos - convocar un referéndum para permitir a su pueblo expresarse soberanamente. Esa decisión, no nos corresponde cuestionarla.

4/ ¿Cuál es la situación tras la cumbre de la zona euro?

La cumbre de ayer posibilitó que se retomara el diálogo, se reactivara un proceso y se restableciera el lazo que todos necesitamos para avanzar. Era necesario. El trabajo de diálogo debe proseguir plenamente. Porque las bases se sentaron estos últimos meses. ¡Y el acuerdo está al alcance de la mano!

La condición es la solidaridad, lo ha recalcado el Presidente de la República.

También la responsabilidad, la de los Estados Miembros y la de Grecia. Y digo bien, también la de Grecia. Francia y nuestros socios europeos lo consideran legítimamente importante y más aún aquellos que estos últimos años han hecho esfuerzos importantes – a veces incluso sacrificios.

Europa no significa derecho de giro ilimitado. Significa normas comunes que respetar. ¡Sin ellas no hay unión posible!

Francia se moviliza hasta el final, fiel a sus valores, para ayudar a Grecia, pero el Gobierno griego también debe querer ayudarse a sí mismo.

También le corresponde al Gobierno griego cumplir con su historia y la historia europea. Es el momento de la verdad. ¡Para él!

Se sabe cuáles son las bases de un acuerdo completo, global y duradero:
- primero, reformas necesarias y detalladas para modernizar y reactivar la economía, construir un Estado sólido, con capacidad de reacción, eficaz, un Estado que funcione de verdad; para avanzar en cuestiones fundamentales como el IVA, las pensiones, sin tocar las pensiones más bajas; llevar a cabo estas reformas es el requisito fundamental para obtener otro programa de ayuda financiera.
- segundo punto del acuerdo: medios para financiar el crecimiento en Grecia porque, como he dicho, esto es lo primero que los griegos quieren. Y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha propuesto un paquete de 35 000 millones de euros, que deben permitir dar a la economía griega el oxígeno que necesita para volver a arrancar;
- por último, tercer punto: una perspectiva clara sobre cómo tratar la deuda. No hay, no puede haber temas tabú. Lo afirmo: resulta fundamental trazar una trayectoria sostenible de la deuda griega para los próximos años. Es un medio imprescindible para avanzar hacia una solución duradera de la crisis actual.

A día de hoy, urge cerrar este acuerdo; nos queda poco tiempo.

Esta mañana, los griegos han presentado formalmente su solicitud de ayuda de emergencia en el marco del mecanismo europeo de estabilidad.

El jueves, presentarán un programa completo de reformas concretas que aplicar a corto y medio plazo.

El sábado, partiendo de la evaluación de las instituciones, se celebrará otra reunión del Eurogrupo antes de la que se celebre el domingo de jefes de Estado o de Gobierno.

Disponemos por tanto de cinco días. Lo que está en juego es en parte el destino de Europa como construcción política. Debemos comprometernos plenamente. Es el momento de actuar. Y quiero ser muy claro: como dijo el Presidente de la República, cualquiera que sea el resultado, la Asamblea Nacional habrá de pronunciarse. Y si hay acuerdo, la Asamblea Nacional deberá pronunciarse votando.

Señoras Diputadas, señores Diputados,

Europa llama tanto a la humildad como a una determinación tenaz: se trata de una historia progresiva, a base de etapas, de golpes, a veces hasta de trompicones. Su capacidad para superar las crisis le ha permitido crecer.

Que lo queramos o no, la Europa política está puesta a prueba, con dolor e incertidumbre. Pero esta Europa política la hemos reclamado todos aquí, decepcionados como estábamos con una Europa que se confundía únicamente con un proyecto económico. Ha llegado el momento. Le corresponde a Francia, al eje franco-alemán, hacerse con esta crisis para transformarla en una oportunidad. La oportunidad para una zona euro fortalecida, y por lo tanto, para una Europa más fuerte.

¡Es urgente!

Reconozcamos que estos últimos años se ha progresado realmente en el fortalecimiento de la zona euro. Hoy es mucho más robusta que hace algunos años. Me viene a la mente una herramienta como es el mecanismo europeo de estabilidad o la Unión Bancaria.

Sin embargo, y el ejemplo griego lo demuestra, la labor de profundización de la zona euro no ha terminado. La cuestión que subyace es, naturalmente, la del Gobierno económico de Europa. Se está instaurando. ¡No lo suficientemente rápido! Hay que pisar el acelerador, es decir, responder a estas preguntas: ¿qué calendario de convergencia económica y fiscal deseamos promover? ¿Cuál es nuestra ambición de avanzar en materia social, ya se trate de salarios o de cualquier forma de competencia desleal? ¿Qué política económica elegir para la zona euro, para garantizar que nuestra moneda única esté plenamente al servicio del crecimiento y del empleo, desde los países del Norte hasta los países del Sur? ¿Qué estructura elegir? ¿Qué medios de Defensa tener? ¿Qué representatividad democrática queremos?

Todos estos retos están ante nosotros. Y, señoras Diputadas, señores Diputados, cuando pase la emergencia, ¡también deberemos darles respuesta! Y Francia, como siempre, deberá tomar y tomará la iniciativa. Para que Europa desempeñe el papel que le corresponde, para que avance, para que permanezca en el corazón de los pueblos y siga construyendo su historia.

Traducción: Embajada de Francia en España

Portal del Gobierno

Última modificación: 10/07/2015

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